El arte de nutrirte sin prisas. Digestión en calma.
Comer despacio no es solo masticar; es decirle a tu sistema nervioso que estás a salvo, que estás en calma
- Crea un santuario. Es importante que evites comer donde trabajas, ya que el cerebro asocia el escritorio con alerta. Intenta buscar un lugar con luz natural.
- Respiraciones. Antes de tocar el tenedor, cierra los ojos y respira profundo 3 veces. Esto activa el nervio vago, responsable de pasar del modo “estrés” al modo “digestión”.
- Cubiertos en descanso. Después de cada bocado, deja los cubiertos sobre la mesa. Es importante que mastiques entre 20 y 30 veces, ya que así la comida se convierte en algo fácil de procesar para tu estómago.
- Involucra tus sentidos. ¿A qué huele? ¿Qué texturas sientes? ¿Es crujiente o suave?.
- Aprende a parar de comer cuando estés satisfech@, pero no llen@ al 100%. Este es el mayor acto de respeto a tu cuerpo.
Sé consciente
¿Alguna vez has terminado de comer y ni siquiera recuerdas a qué sabía cada bocado?
El problema es que hemos convertido el acto de comer en un trámite más de la lista de tareas del día a día.
¿Sabías que tu cerebro tarda 20 minutos en recibir la señal de saciedad desde el estómago?
¿Dónde está el problema? Que si tardas normalmente en comer unos 5 o 10 minutos, el problema va a ser que vas a comer de más, vas a tener una digestión pesada, porque no le estás añadiendo comida masticada, pero sí trozos de comida sin digerir.
La famosa hinchazón que aparece después de comer no siempre es por qué comes, sino cómo lo haces.
- Deglución de aire: Comer rápido implica tragar aire.
- Masticación deficiente: Al no triturar bien la comida, las partículas llegan demasiado grandes al intestino. Las bacterias de tu microbiota tienen que trabajar de más para fermentarlas, provocando gases e inflamación.
Recuerda que tus dientes están en la boca por una razón: tu estómago no tiene dientes para triturar lo que tú tragas por prisa.
Cuando comemos por impulso (ansiedad), buscamos un pico de placer rápido. Durante el camino no damos tiempo a disfrutar del sabor, así que, el cerebro pide más porque nunca se ha sentido satisfecho. Pero recuerda que comer despacio nos obliga a estar presentes. Nos enfrentamos a la emoción, que es el primer paso para sanar la relación con la comida.
Comer despacio. Cuando comemos rápido, estamos en un estado de hipervigilancia (estrés) donde el cuerpo interpreta que hay una urgencia.
El cortisol elevado activa sistema nervioso simpático. El estómago se detiene, no se segregan suficientes jugos gástricos ni enzimas. La comida se queda estancada esperando a que pase el peligro.
Si comes bajo estrés, no estás alimentando tus células, estás alimentando tu estado de alerta.
Pregúntate entonces:
- ¿Sientes que el botón del pantalón te aprieta nada más terminar de comer?
- ¿Comes tan rápido que cuando terminas te sientes culpable en lugar de satisfecha?
- ¿Sientes que usas la comida como un ‘trámite’ para calmar los nervios del trabajo?